martes, 17 de mayo de 2016

El Camino de la Venganza

Existe una leyenda, que habla sobre un antiguo guerrero que vivió en la época feudal de Japón. Dicho guerrero consiguió salvar una aldea de una casi segura destrucción. 

La historia comienza con un niño, Jack, de unos 12 años, de estatura alta para su edad, pelo negro como el carbón, largo y suelto, acabado en puntas hacia abajo, y unos ojos color marrón oscuro, casi negro, hijo de la familia más humilde de toda la aldea. Sus padres trabajaban como siervos de la familia del jefe del poblado. El joven trabajaba muy duro para poder conseguir recursos para su familia, y así ayudar a sus padres.

En sus ratos libres, en lugar de ir con los demás niños de la aldea a jugar, se marchaba a entrenar para alcanzar su sueño, quería ser un buen espadachín algún día. Cogía la katana de su familia, heredada por generaciones, y se adentraba en el bosque, donde entrenaba duro, tanto su fuerza como su precisión con la espada. 

Cuando cumplió los 17 años, su padre contrajo una enfermedad grave, con una muy pequeña posibilidad de salvación. Al enterarse de ello, su madre tuvo que dejar el trabajo para encargarse de sus cuidados, y el adolescente tuvo que trabajar aún más duro para poder llevar algo a casa. 

Dos años más tarde, cuando afortunadamente la enfermedad de su padre había desaparecido casi por completo, pudo dejar de trabajar tanto, ya que su madre había decidido volver a trabajar en la casa del jefe, y así pudo también volver a empuñar la espada. 

Una noche en la que sus padres salieron a dar un paseo, sucedió la catástrofe. Alguien provocó un incendio que hizo arder en llamas más de la mitad del poblado, y no solo eso, unos asesinos de una aldea rival habían entrado aprovechando el fuego, y habían matado a muchos ciudadanos. Los padres de Jack, asustados, huyeron hacia su casa, pero al doblar la esquina de la última calle antes de llegar a su destino, fueron apuñalados por un asesino que se había ocultado ahí aprovechando una sombra provocada por el fuego. 

A través de un pequeño hueco en la pared, un ojo que brillaba como un diamante, provocado por las lágrimas y la ira, y que ardía con más intensidad que las propias llamas, había presenciado la escena...el asesinato de sus padres. Juró vengarse aunque le costase la vida, pues ya no tenía nada que perder. La única pista que tenía de ese asesino era que no tenía mano derecha, sino que tenía una especie de prótesis en la que podía introducir el arma que quisiera utilizar en cada momento.
 
Jack comenzó a entrenar a las afueras del poblado, un poco más alejado que el área de los cultivos, y trabajó duro tanto en su cuerpo como en su mente. A menudo volvía a su sitio del bosque a entrenar y mejorar sus habilidades con la espada, pero ya no era el humilde y amable Jack que había sido siempre, ahora era un hombre llevado por el viento, la furia y la venganza.

Día tras día, trabajaba y entrenaba duro. Cuando terminaba su jornada se iba a sus lugares de entrenamiento, y cercano a los cultivos había un manantial, al que los aldeanos acudían para llenar cántaros con agua. 

Todos los días, acudía una muchacha de estatura algo más baja que él, cabello marrón como la miel y brillante como el bronce, ojos color avellana llenos de sentimiento y que parecían hablar con una simple mirada, labios finos, y cuerpo bien desarrollado.

Siempre que iba se fijaba en Jack, en como entrenaba, en su determinación, en su fuerza. Él no se daba cuenta, ya que estaba muy concentrado en lograr su objetivo. Un día, la mujer se acercó un poco más para verle entrenar más de cerca, lo cual llamó la atención de él. Le saludó, diciendo que llevaba tiempo observándole entrenar y le parecía muy interesante. Se presentó, su nombre era Zoe, y tras un rato hablando entablaron rápidamente amistad. La chica lo visitaba a menudo, cada vez con mayor frecuencia, pues se había enamorado de él, pero no se atrevía a decírselo. 

Un día, la muchacha le llevó un poco de comida que ella misma había preparado, que se lo había ganado por haber estado esforzándose tanto. El joven sonrió, y le agradeció la comida. Nadie, aparte de su difunta madre, se había preocupado nunca por él, y el chico admitió que nunca había tenido a nadie a quien hubiese querido de verdad. Se hicieron amigos, bastante cercanos, la chica todos los días le llevaba un poco de comida y pasaban tiempo juntos.

Al año siguiente, Jack se decidió a declararse por fin, y Zoe aceptó encantada, fundiéndose con él en un profundo beso con la puesta de sol de fondo. 

Tras este tiempo, se dio cuenta de que nunca le había preguntado cuál era el motivo por el que estaba haciendo todo esto, y él le contó la historia, a lo cual ella reaccionó abrazándole para intentar consolarle, y dejando escapar algunas lágrimas. La besó y dijo que no se preocupase por él, que llevaría a cabo su venganza. Zoe le dijo que estaría encantada de ayudarle a entrenar, pues dominaba el arte de la espada, ya que resultó ser la hija del jefe de la aldea, y había estado entrenando con su padre desde que era una niña. 

El joven Jack, ahora convertido en un adulto de alta estatura, con un cuerpo bastante bien definido, aceptó su propuesta con muchísimo gusto, y Martha con una gran sonrisa, saltó de emoción y se lanzó a abrazarle. Comenzaron a entrenar en la orilla de un riachuelo oculto en el bosque, que se encontraba en un claro tras atravesar un angosto camino. La mujer se llevaba una pequeña cesta con comida, para comer cuando terminaban de entrenar, y se daban un baño en el río antes de volver a la aldea. 

Pasaban los días como si fueran minutos, entrenando, estando juntos y siendo felices, y dos años más tarde, cuando Jack cumplió los 22 años, y Martha los 23, se decidieron a vivir juntos. Se compraron una pequeña casa a las afueras del poblado, su pequeño refugio cerca del río, oculto entre los árboles. 

Una tarde, Jack le pidió matrimonio, compartir su vida con ella y que estuvieran por siempre juntos. Zoe aceptó, emocionada, se acercó a él lentamente y se besaron apasionadamente con la puesta de sol de fondo, como su primera vez años atrás. 

Tras mucho tiempo de entrenamiento, Jack consiguió igualar las habilidades de su ahora prometida, y ella sugirió ayudarle con su venganza, pero Jack le dijo que no podía aceptar su ayuda. No quería perder a la única persona por la que seguía manteniendo su humanidad, la única persona que amaba. 

Decidida a ayudarle lo máximo posible, decidió enseñarle nuevas técnicas que la enseñó su padre, lo cual le fue muy útil, y finalmente, tras un duro año más de entrenamiento y con muchísimo esfuerzo, Jack consiguió superar a la mejor con la espada en toda la región. 

Unos meses más tarde se fueron a su lugar de entrenamiento, se sentaron en la orilla del río y se pusieron a hablar sobre lo que habían vivido, y lo que les quedaría por vivir juntos. Jack se tumbó en el suelo con sus manos apoyadas en su nuca, observando el dorado cielo previo al ocaso, y Zoe se colocó encima suyo, se tumbó y le dio un beso, además de susurrarle una promesa: estar juntos por siempre. 

Al llegar la noche, entraron en su pequeña cabaña, dispuestos a pasar la noche juntos, ya que esa noche era especial, porque al llegar las 12 de esa noche, se cumpliría el primer aniversario de su matrimonio. Jack había adornado la habitación con pequeñas velas y pétalos de rosas, y esa noche hicieron el amor, teniendo como única iluminación la combinación de la luz blanquecina y fría de la Luna, y la anaranjada y cálida luz de las velas que había colocado. 

Dos semanas después, al llegar la noche, una luz naranja iluminó la oscuridad. Un extraño incendio había comenzado en el bosque. Jack sospechó de los mismos asesinos de años atrás, así que empuñó su katana y se marchó a investigar. Zoe se despertó y le vio a punto de marcharse, él escuchó el ruido de las sábanas, se giró y la vio mirándole, así que se detuvo, la besó y le dijo que si por algún casual moría, estaría siempre a su lado. Antes de que se marchara, ella le dio su espada familiar, para que así llevase su espíritu a la batalla con él. 

La espada de la familia de Jack era una katana tradicional, con una bonita ornamentación dorada en la guarda, mientras que la prestada por Zoe tenía la hoja de color negro, debido a una aleación especial para conseguir mayor dureza, con dibujos de la mitología grabados y una guarda más sobria, pero rojo sangre. La empuñadura, en lugar de madera, estaba hecha de metal, su vaina era escarlata como el rubí, y tenía grabados negros.

Antes de irse, se puso un atuendo de batalla que se había fabricado tiempo atrás, de cuero negro, grueso y reforzado, para evitar dejar descubiertas posibles zonas blandas. Tras un último beso, se dispuso a marcharse, únicamente con dos espadas y su determinación, preparado para llevar a cabo su venganza. 

Para comprobar el origen del incendio, se adentró en el bosque, y asombrado, vio que alguien había iniciado el fuego en su lugar de entrenamiento, la zona especial que ahora compartía con Zoe. Sus ojos llorosos reflejaban la iluminación de las llamas, y aun conmocionado, escuchó algo a su espalda. Tres asesinos habían saltado desde los árboles dispuestos a acabar con Jack, pero éste, furioso, desenfundó ambas espadas y acabó con sus enemigos en pocos segundos, rebanando sus extremidades en el proceso para así hacerles sufrir lo máximo posible antes de acabar con sus vidas. 

Cubierto de sangre y con la furia de un demonio, siguió buscando y al final encontró a su verdadero enemigo. Con ambas espadas goteando la sangre de los asesinos y dispuesto a acabar con la vida de quien se la arrebató a sus padres, comenzaron la batalla.

Chocaban las katanas de Jack contra el guantelete metálico con cuchillas y la daga de su enemigo. Las chispas que saltaban iluminaban aun más el escenario. Poco a poco, la furia y el rencor de Jack iba aumentando cada vez mas, y con ello, su fuerza y velocidad, pero despojándolo de su humanidad, convirtiéndolo en una auténtica bestia. 

Cortándolo, desmembrándolo y finalmente atravesándolo, consiguió dejar moribundo al asesino más infame que jamás había conocido, pero no era suficiente para él, quería hacerle desaparecer por completo. Cuando se calmó un poco, el asesino quiso pedir perdón, y revelar su nombre, pero al comenzar a arrepentirse, Jack levantó lo que quedaba de su cuerpo, lo apoyó en una pared y, con la espada de su familia a modo de venganza, atravesó su cabeza, dejando la espada clavada en la roca, y con ella, al asesino suspendido en el aire, únicamente sostenido por la fuerza con la que la espada había sido clavada. 

Se marchó, dejando ahí su katana con su mayor enemigo. Un aldeano vio toda la pelea y la escena final, y corriendo se marchó al poblado. Cuando Jack llegó, todos le miraban con miedo, pero a pesar de ello, todos le estuvieron agradecidos por su labor. El aldeano les había contado la historia de la pelea, y con ello, se ganó el apodo de 'Jack el Destripador'. 

Contento con su victoria y habiendo cumplido su venganza, se dirigió a su casa, entró, y en el salón, se arrodilló y le entregó a Zoe su espada, agradeciéndole por todo lo que había hecho por él, se puso en pie y se fundieron en un profundo beso, con el correspondiente abrazo, y al oído le susurró: "voy a estar contigo hasta el final de los tiempos...lo prometo".

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